Capítulo 2 Give'em hell, Kid
CAPÍTULO II
"Give 'em hell, kid"
Mi amadísima Helena, han pasado dos meses desde que fuiste incinerada, y cursimente se propusieron en arrojar tus cenizas al mar. Si, lo llevaron a cabo, excepto que esas no eran tus cenizas. Yo cobrando favores me hice de tus restos, de hecho estuve ahí cuando entraste al horno, agradezco el desinterés de tus familiares y demás pues por ellos pude verte en plena privacidad.
Tan pálida pero aún bella, esperaba que en cualquier momento abrieras los ojos, pero yo sabía que no lo harías, yo me había encargado de aquello.
Vi tu cuerpo desnudo como tantas veces lo hice al hacerte el amor, tan delicado, para mí. Eras una bella obra de la creación, tanta belleza superflua guardaba el secreto de un corazón duro que no temía utilizar a los demás....eras el más bello fruto a simple vista, pero tu interior estaba podrido.
Tu piel que cuidadosamente cuidaste ahora guarda las huellas del arma que te quito la vida. Por más maquillaje que usaron para ocultarlas no pudieron evitar que siguieran visibles, y más para mí que memorice cada una de ellas cuando te las infligí.
Mi amor, mi Helena. Bese tus fríos labios por última vez, y luego vi como te consumías en las llamas. Ese fuego abrazador no solo reducía tu ser a cenizas, sino también mi pobre y enfermo corazón.
Obtuve tus cenizas... muchos románticos pensarían que fue para tenerte siempre conmigo.... De cierta forma es cierto, y a la vez, es porque es la forma más adecuada de torturarte a pesar de tu deceso.
Cuando mi amigo me entrego tus restos, me vio con lástima y yo lloré, estoy seguro de que él pensó lo doloroso que era que yo perdiera a mi amada.... Estúpido. Eran lágrimas de coraje, alegría y venganza.
Se bien que deseabas tener algo ostentoso al morir, una urna o una cripta rica en joyería, algo que solo merecieras tú... ¿sabes? Creo que te he dado lo que mereces, estas en un frasco de mayonesa corriente, acorde a una mujer corriente como tú.
Te amaba tanto...y tú al final me despreciaste "¿creías que era para siempre nuestra relación? Vamos, de amor no se vive, así que., hasta luego y buenas noches Ariel" fue lo que dijiste antes de lo que paso...
En ese momento sentí como algo tanto en mi mente como en mi corazón se rompió y un vació me invadió, uno que no me ha dejado en paz y que sin ti se ha hecho más presente.
Estoy ebrio y solo puedo recordarte, tú aroma, tu sonrisa, tus ojos... cosas que ame, y ahora odio, ahora convertidos en cenizas con las que mis dedos juegan ansiosos por averiguar que ceniza pertenece a que parte de tu cuerpo, ¿serán estos tus cabellos, o son tus piernas de seda?
Y es cuando un idea cruza por mi mente, tal vez suficiente castigo ya hubiera sido tu estadía en ese frasco, tal vez debamos de unirnos de alguna manera...
He visto como compañeros de la facultad han inhalado cocaína.... ¿qué tan diferente puede ser con cenizas humanas?
Me puse de pie tambaleante y busque las cosas necesarias; papel, una navaja y... todo estaba listo para inhalar lo poco que quedaba de ti.
"Por ti Helena" dije haciendo un gesto como si tomara una copa entre mis manos y te inhalaba.
Con lenguaje poético diría "fue como oler tu dulce perfume que inhale cuando te hacía el amor", pero la verdad era otra; desagradable, las cenizas no eran algo grandioso para inhalar, puede que amara tu perfume, pero esa no eras tú, eras grasa, cabello, huesos, eras un vulgar y común humano que otro vulgar humano amo, y por eso te inhalo a pesar de que no me cause placer.
Helena, mi Helena, seremos uno solo.
Y mientras te aspiraba, sensaciones desagradables llenaban mi ser, unas ganas de vomitar sin poder hacerlo. Era el precio de ser uno solo con alguien como tú.
Sensaciones enfermas llenan mi ser. El día que te conocí se volvió mi perdición, el aceptar tener una cita contigo fue mi llave al infierno.
La primera cita fue en la iglesia donde estaban los restos de tú padre, lo recuerdo perfectamente. Aun vestías de negro, un luto social que aun tenías que guardar, más que nada por apariencias "este viejo aun muerto me arruina la vida, siempre de negro por su culpa" me dijiste al verme y tirar unas flores blancas que llevabas en las manos al bote de basura "dije que tenía que venir a verlo...como si eso fuera cierto" me dijiste sacando de tu bolsa un cigarro.
"Señorita hija de puta siempre tan puntual" te dije sonriendo, por alguna razón me agradaba verte y a la vez deseaba darte un puñetazo a tu rostro de muñeca.
"Dejemos las formalidades, puedes decirme su majestad o simplemente Helena" me dijiste con una sonrisa. Tú sentido del humor, y esa esencia tan tuya que llenaba el lugar era lo que me hizo adicto a ti.
"Un billete por tus pensamientos" me dijiste.
"Pensaba que...no es muy de Helena Luntz acostarse con la servidumbre"
"Claro que lo es, pero no es algo que busque publicar, ¿no lo crees?, además quien dijo que nos acostaríamos"
"Las pastillas post day que tienes en tu bolsa...acabo de verlas cuando sacaste el cigarro"
"Bien se ha matado la sorpresa" dijiste suspirando "como si te fueras a negar, vamos, heredera, sexy quiere sexo, punto"
"y no fueras mi tipo, si me gustaran algo como más masculino" te dije con cara de póker.
"No lo eres, porque si no te hubiera encontrado tirándote a otro conductor"
"eso ya lo había hecho cuando tu llegaste"
"No me desilusiones insinuando que eres precoz"
"Nunca dije eso"
"Se sobreentendió"
"¿Quiere ver?" te dije retadoramente
"¿Aquí, encima de la tumba de mi padre? No te atreverías"
"Antes no, pero hija de puta....eres mala influencia para mí" dije besándote apasionadamente. Mordisqueé cada rincón de tu piel intentando dejar mil y un marcas, jugueteaba con tus tersos senos, y sin parar Bebía néctar de tus labios.
Gemíamos de placer, dominados por la lujuria. Ningún te amo, o te quiero, solo había puro sexo en ese acto que nos alejaba de la razón mal sana y gritamos de placer al mismo tiempo. Quiero pensar que no nos encontraron copulando en un cementerio, pero no lo sé con certeza, solo me enfoque en ti y en tu voz implorando por más.
"Solo fue sexo" me dijiste mientras te acomodabas tu vestido.
"No lo pongo en duda, y no se volverá a repetir" te confirme subiendo mi cremallera.
"Eso dicen todos...volverás a mí en menos de lo que piensas..."
"Ariel" te dije comprendiendo la pregunta de tú mirada.
Me retaste, con un beso al aire te fuiste del lugar, mientras internamente me prometía no caer en tu juego de muñeca de plástico.
Una semana...Una semana desde ese encuentro y tú nunca llamaste, pensé.
"Ariel, debes de marcar a esta residencia, te han contratado" me dijo mi compañera Rita. La verdad es que no tenía muchos ánimos de trabajar pero...tenía que, si no la escuela no se pagaría gratis.
"Choferes de toda ocasión" dije mi discurso clásico.
"oo...chofercito" se escuchó del otro lado.
"Señorita hija de puta" exclamé sorprendido.
"Te he dicho que simplemente Helena querido Ariel, ahora preguntó, ¿es difícil hacerme ganar una apuesta?"
"Claro, no quiero colaborar al crecimiento de tu ego"
"Claro" por tu voz, sabía que estabas disgustada "ahora necesito que me lleves a la plaza"
"de compras"
"no, al hotel, se que tú y yo nos divertiremos"
"crees que lo haré"
"Sé que lo harás"
Sin más cortaste la comunicación, y ¿sabes? Tenías toda la maldita razón. Caí en tus redes, volví a buscar esos labios carnosos y refugiarme en tus suaves pechos. Oré en tus altares de Venus fervientemente, todo porque era adicto a ti.
Quisiera decir; fue la última vez, pero...se repitió tantas veces. Siempre el sexo desenfrenado y más tarde la plática pos-coito. Éramos tan raros que nuestra relación así se basaba. Pero cometí un error...me enamoré de ti, y lo supiste en el momento que grité "te amo" entre un orgasmo, tú rostro demostró todo desencanto.
"Idiota" me dijiste antes de salir de la habitación que habías pagado...sabía que no volverías.
Y, dejaste de llamarme y contratarme, olvidaste a tu chofercito después de corromperle la mente y el corazón. Eras una arpía que sembraba su mal sana semilla y cuando veía un brote de sentimiento...se iba, pero pensé que había algo más, que tú sentías y me amabas solamente era temor porque nunca fuiste amada, por ello te llamé un día e intenté hablar.
"No has llamado ¿por qué?"
"No es mi deber, además...ya me estoy cansando de esto"
"Vamos Helena, han pasado dos años, no me digas que no sientes...."
"Si, han pasado dos años, dos de sexo y ya, ¿es tan difícil de comprender?"
"Helena, dime a los ojos que no sientes lo mismo que yo dime que..."
"No te amo" dijiste sin tambalear, viéndome a los ojos con un gesto de burla completando mi frase "el no te amo se oye tan cliché, ¿por qué te amaría?"
"Porque te conozco mejor de lo que crees"
"Porque yo te deje hacerlo. Quería ver que era una relación de plebeyos, pero es demasiado cursi y desinteresada, se conforman con palabras y vagas acciones, y se ilusionan sin más..."
"Nuestra relación no era mero sexo e ilusiones, era cruda realidad y era tan masoquista como para enamorarme de ella"
"¿creías que era para siempre nuestra relación? Vamos, de amor no se vive, así que, hasta luego y buenas noches Ariel" dijiste saliendo, dando por terminado la plática, dejando atrás de ti un corazón roto, pero...ya esperaba esa respuesta...y a pesar de ella no podía dejar de amarte, por ello supe que no me dijiste toda la verdad...había algo más.. o mejor dicho alguien más. Tenía que averiguar por cuál cama me habías cambiado mi querida Helena.
